El diseño del espacio exterior: patios coeducativos, inclusivos y… seguros.

«Para aumentar la seguridad de tu hijo, anímale a que pase más tiempo a la intemperie, en la naturaleza. El juego natural fortalece la confianza en sí mismos y estimula sus sentidos; su conciencia del mundo y de todo lo que se mueve en él, lo visto y lo no visto».

Richard Louv (Los últimos niños en el bosque).

En el diseño del centro escolar, especial relevancia tiene la atención al tratamiento del espacio exterior. La típica solución de encajar la o las pistas deportivas y tratar como espacio residual el resto, ya no vale. Es el espacio de socialización más importante para los alumnos y desde esa consideración debe contemplarse su diseño.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible 4-Educación 2030 de la UNESCO aspira a «garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos». Y uno de los medios de implementación que propone es «Construir y adecuar instalaciones educativas para que respondan a las necesidades de los niños y las personas discapacitadas, tengan en cuenta las cuestiones de género y proporcionen entornos de aprendizaje seguros, no violentos, inclusivos y eficaces para todos».

Uno de los retos del actual sistema educativo es educar en la diversidad y en la lucha contra el sexismo y la violencia de género. La escuela mixta supuso un gran avance en materia de igualdad, pero insuficiente. El espacio también educa, por ello, el tratamiento que le demos al patio como espacio de socialización reforzará su aprendizaje en igualdad, en diversidad y en la lucha contra la violencia de género.

La situación es diferente según sea el nivel: educación infantil, primaria o secundaria.

En infantil el juego es más compartido, el patio es un espacio de encuentro, de experimentación y de descubrimiento.

En primaria se produce un excesivo interés por el juego competitivo (causa de numerosos conflictos) que conduce a la apropiación de espacios centrales por parte de los niños mayores, relegando a las niñas y a los pequeños a espacios periféricos.

En secundaria el interés por los juegos más activos se reduce, y se muestran más interesados por la conversación, por reunirse y disfrutar de la compañía.

Por lo tanto, habrá que tratar de forma diferente los espacios exteriores según los intereses y necesidades de cada etapa educativa.

EL ESPACIO EXTERIOR EN EDUCACIÓN INFANTIL: experimentar, descubrir.

Un espacio sugerente, estimulador, tanto por su configuración como por los elementos que incorpore. El niño debe poder ejercitar todo tipo de motricidad amplia, equilibrios nuevos en suelos distintos con nuevas dificultades, lugares donde esconderse. Deben ser prioritarios los materiales naturales. En el diseño podemos incorporar algunas de las siguientes zonas en función del área disponible:

  1. Una zona para el juego activo. Que consistiría en recorridos, circuitos, estructuras de trepar, con desniveles, montículos de tierra, con áreas de salto, equilibrio, rocódromos horizontales y toboganes.
  2. Una zona para el juego tranquilo. Que podría ser para juegos tradicionales pintados en el suelo como la rayuela, el tres en raya, casetas, cabañas, con arenero para cavar, transportar, construir, manipular la tierra, con mesas y bancos bajo la sombra.
  3. Una zona para el contacto con la naturaleza. Con un pequeño huerto, con circuitos de juegos de agua, pequeños estanques.
  4. Una zona de expresión artística, plástica y musical o de juego simbólico. Con juegos de instrumentos colgantes, una pequeña ágora, una pizarra exterior, una cocinita, etc.

El juego pretende ofrecer a los niños la posibilidad de encontrar unos riesgos aceptables como parte de un entorno de aprendizaje estimulante, desafiante y controlado. Hay que buscar el equilibrio entre la necesidad de ofrecer unos riesgos y la necesidad de mantener a los niños a salvo de daños serios.

Es importante conseguir un área de juego segura, lo que significa comprobar tanto la seguridad de los equipamientos como su correcta instalación y adecuado mantenimiento. El área de juego es un todo, y su seguridad depende tanto de los equipamientos (columpios, balancines, toboganes, etc.) como del suelo absorbente de impactos, de la correcta instalación y del mantenimiento adecuado del área. Es conveniente certificar las áreas de juego, mediante una entidad acreditada para ello, para exigir el cumplimiento de los requisitos europeos de seguridad establecidos en la norma UNE – EN 1176.

La norma no es de obligado cumplimiento, pero mi experiencia a lo largo de casi 30 años en arquitectura escolar, tras algunos accidentes ocurridos en patios escolares que han llegado al juzgado, y ante la pregunta del juez de si el patio era suficientemente seguro, la mejor respuesta es la de que cumple la normativa europea y está acreditado su cumplimiento mediante una entidad de certificación. Ante un concepto tan relativo y subjetivo como es el de la seguridad (en todos los ámbitos de la vida), es necesario alcanzar ese equilibrio razonable marcado por la normativa correspondiente.

Los elementos y materiales escogidos deben ser no abrasivos, con pavimentos ni demasiado oscuros ni demasiado claros (para evitar que quemen o que deslumbren con el sol). En zonas de columpios, pavimentos blandos de caucho in situ para amortiguar caídas, con buen drenaje para secarse rápidamente tras la lluvia y que no formen charcos. Pavimentos de arena compactada, o de tierra morterenca, o de césped artificial adecuado para escuelas infantiles. Arena fina en arenero de dimensiones controladas, con un adecuado sistema de cubrición y de fácil limpieza diaria. Los elementos a disponer deben ser homologados y aptos para el uso de niños hasta 6 años, exentos de aristas vivas y tornillería de acero inoxidable con protección plástica.

Escuela Montessori (Valencia)

Arquitecto : Jorge Catalán Vázquez

EL ESPACIO EXTERIOR EN EDUCACIÓN PRIMARIA: integrar, compartir, aprender en igualdad.

En la siguiente etapa educativa, primaria, el patio de juegos tiene como protagonista la pista deportiva, de la que se apropia el alumnado más mayor y de sexo masculino, produciéndose una segregación por razón de género en la que los niños practican juegos competitivos (con el consiguiente aumento de la conflictividad) y más activos, ocupando zonas centrales y las niñas muestran interés por actividades más pasivas, quedando relegadas a espacios de la periferia.

Es en este nivel educativo en el que hay que restarle ese protagonismo a las pistas deportivas y crear zonas donde se favorezca el juego mixto reduciendo en lo posible la realización de juegos típicamente femeninos o masculinos, mediante ágoras, mesas y bancos para sentarse protegidos del sol, juegos que no segregen por sexo ni edad, como el escondite, la rayuela, el pilla-pilla u otros juegos tradicionales. Es interesante conseguir una sensación de evasión, mediante arbolado, césped y vegetación, pero no olvidemos que el patio es un aula más y también debe ser estimulante y fomentar el aprendizaje. En los primeros años de esta etapa siguen siendo válidos lugares para correr, saltar, escalar y trepar, juegos de movimiento en los que expresar su psicomotricidad o cabañas para explorar el juego simbólico.

Para diseñar el patio de primaria una buena idea es distribuir el espacio disponible en sectores para permitir diferentes actividades: en equipo, juegos motrices de diferentes intensidades, juegos simbólicos u otro tipo de actividades más tranquilas. Reservar las zonas periféricas para las actividades de mayor intensidad motórica, para que no haya interrupción del paso hacia otras zonas menos activas. Es recomendable evitar la existencia de rincones y de espacios residuales para evitar problemas de acoso. Obviamente los espacios destinados a actividades o juegos motrices de alta intensidad no deben tener obstáculos y conviene cuidar la orientación de las zonas de juego teniendo en cuenta el soleamiento en relación a la sectorización de actividades.

La participación del alumnado en el diseño de su patio reforzará la conciencia colectiva de respeto a las instalaciones y mejorará su cuidado.

EL ESPACIO EXTERIOR EN SECUNDARIA: cóctel de emociones, compartir confidencias, descubrir la amistad, los primeros amores, la propia identidad .

En esta etapa el interés está centrado en reunirse, charlar, forjar relaciones entre iguales, precisan de zonas tranquilas donde poder entablar conversaciones y sentirse a gusto con los compañeros y compañeras.

El patio es una oportunidad para entrar en contacto con la naturaleza (especialmente en las grandes ciudades) y aprender a respetar el medioambiente mediante la implicación de los alumnos y responsabilizarlos de su cuidado. Y también lo es para apoyar el aprendizaje social y emocional, y desarrollar las competencias que necesitarán para convertirse en adultos. Zonas de estancia al aire libre, ágoras, bancos y mesas, envueltos por el verde de un jardín bien cuidado.

También aquí conviene que no existan rincones para prevenir el acoso escolar, evitar que fumen o que tomen otras sustancias peligrosas.

«La educación es el encendido de una llama, no el llenado de un recipiente»

Sócrates
Cassandra (Thomas Bergersen)